martes, 4 de octubre de 2011

LA GENÉTICA DEL FRACASO ESCOLAR

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Enviado por revista DOCENCIA.EDUCAP

España
Albert Sales Campos
Doctor en Ciencias Políticas
Universidad Pompeu Fabre, Barcelona

En todas las sociedades, los colectivos e individuos que gozan de una posición dominante buscan alguna justificación a las desigualdades que los benefician.

La estabilidad y la cohesión social dependen en buena medida de que una mayoría de la sociedad acepte como válidas estas justificaciones. Así, una vez asumido por las sociedades modernas que el estatus social no lo decidía ninguna fuerza divina, se impuso una peligrosa interpretación del darwinismo para justificar que algunas familias y grupos disfrutaran de un mayor bienestar y capacidad de decisión. Se dio por sentado el supuesto de que el poder y el dinero estaban en manos de las estirpes que, generación tras generación, habían destacado por sus “dotes de mando” y por su “inteligencia”.

Con el nacimiento de la sociología moderna, surgieron diversas líneas de pensamiento que explican las desigualdades y su reproducción social. Todas ellas coinciden en un hecho: el entorno en el que las personas desarrollan sus capacidades sociales y cognitivas es determinante a la hora de definir su estructura de oportunidades. Esto supone que si el sistema capitalista pretende justificar las desigualdades en base a los “méritos” y el “trabajo”, debería garantizar la igualdad de oportunidades en la línea de salida del mercado laboral.
 
Pero a pesar de que seamos muchas las personas convencidas de que el capitalismo no premia realmente el mérito y el trabajo, la retórica de la “sociedad de las oportunidades” y de la “meritocracia” ha acabado por ser asumida en base a la constante repetición de tópicos hasta convertirlos en verdad “científica”; y de divulgar las historias de los “hombres-hechos-a-ellos-mismos”, de “triunfadores” que gracias a una idea y a su “duro trabajo” han hecho fortuna partiendo casi de la pobreza. Cabe decir que siempre me ha intrigado por qué no corren en la misma medida historias de “mujeres-hechas-a-si-mismas” o de “hombres-escandalosamente-ricos-que-no-han-pegado-palo-al-agua-en-la-vida”.

Ahora, con la presentación de un informe a los medios, la patronal española pretende recuperar la idea de que la genética (la herencia biológica) tiene más peso que el entorno social al condicionar las probabilidades de fracaso escolar de los niños. El objetivo último del informe es aportar base “científica” a sus propuestas en materia de políticas educativas.

Si la genética es determinante, se justifica que se segregue al alumnado, que se recorten los gastos destinados a la atención a la diversidad y a los niños con necesidades especiales o que, en general, se ponga en cuestión el ideal de una escuela pública y de calidad para todos y todas.

El estudio presentado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) contradice toda la evidencia científica que indica que la genética y los condicionantes biológicos sólo son significativos para predecir el fracaso escolar en el caso de niños con trastornos de aprendizaje (y no en todos ellos) y que, sin embargo, el entorno social es mucho más determinante.
 
La edad de primera escolarización, la calidad pedagógica de los procesos de aprendizaje vividos entre los 3 y los 6 años, la implicación de padres y madres en la educación de niños y niñas, el tiempo que las personas adultas pueden dedicar a los hijos e hijas , el ambiente vivido en el hogar durante los primeros años de vida, el estatus social de las familias, la renta disponible en los hogares y un sinfín de factores sociales ejercen un efecto significativo sobre la probabilidad de fracaso escolar. La capacidad de los hogares con un cierto bienestar económico para reaccionar ante los problemas escolares es muy superior a las posibilidades de reacción de las clases trabajadoras. Las clases de repaso y el apoyo de profesionales como logopedas o psicólogos fuera de los centros escolares no están al alcance de todos y nuestro sistema público está infra-dotado para atender al alumnado que necesita esta atención personalizada y que no la puede pagar en el mercado privado.

Hay evidencia empírica de sobra para afirmar  que nuestro sistema educativo no garantiza la igualdad de oportunidades y que nuestra sociedad está lejos de premiar el mérito y la capacidad de trabajo. Ante ello, para justificar los recortes en educación sólo queda una salida: regresar al determinismo biológico vistiendo el darwinismo social de genética y presentando estudios “científicos” a través de los medios con conclusiones más que cuestionables.

Es totalmente impresentable hacer pasar por ciencia lo que no lo es. Por supuesto, los resultados de una investigación sociológica pueden disentir del consenso de la comunidad científica, pero para hacerlos públicos como si la solidez de las conclusiones fuera incuestionable hay que poner a disposición de la comunidad científica la metodología de la investigación y discutir a través de las revistas científicas o de los congresos especializados. Pero parece que esto no es necesario si se pueden financiar estudios con las conclusiones escritas de antemano y si se tiene la influencia suficiente para introducirlos en la agenda mediática.

Referencias
El País (22 junio 2011): “La CEOE ve en los genes la clave del éxito escolar”, http://www.elpais.com/articulo/ sociedad/CEOE/ve/genes/clave/exito/escolar/elpepisoc/20110622elpepisoc_4/Tes

Sarasa, Sebastià y Sales Campos, Albert (2009): “Itineraris i factors d’exclusió social”. Ajuntament de Barcelona, Síndica de Greuges i Fundació La Caixa. ISBN: 978-84-9850-158-2. Barcelona. http://www.bcn.es/sindicadegreuges/pdf/ESTUDI_Itineraris_i_factors_d_exclusio_ social.pdf )

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